Todas realizan el mismo ejercicio.
Escuchan la misma explicación.
Entrenan la misma cantidad de tiempo.
Y reciben las mismas correcciones.
Sin embargo, los resultados son muy diferentes.
Algunas leen rápidamente la trayectoria de la pelota, anticipan, se mueven y llegan a tiempo.
Otras necesitan más repeticiones para comprender la misma situación y transformar la información en movimiento.
Con el tiempo entendí que no se trata de ganas.
GANAS tienen todas.
La diferencia está en los tiempos de aprendizaje.
Algunas aprenden observando.
Otras necesitan experimentar.
Algunas comprenden enseguida.
Otras requieren más tiempo para procesar y actuar.
Mi trabajo como entrenador no es apurarlas, sino acompañar esos procesos.
Porque enseñar no es que todas aprendan al mismo tiempo.
Enseñar es ayudar a que cada una avance desde su propio punto de partida.